"El flujo del agua une constantemente la vida y la muerte. Es el mediador entre ambas, y su superficie proporciona una frontera común en la naturaleza donde se encuentran. Allí la muerte es superada continuamente". Es el movimiento vivo del agua lo que hace posible la vida en la Tierra. Basándose en la ciencia espiritual y en numerosos experimentos propios, Theodor y Wolfram Schwenk demuestran que nuestra Tierra es un organismo vivo, con el agua como órgano sensorial que percibe influencias cósmicas vitales y las transmite a la vida terrena.
El enfoque de los autores sobre las actuales crisis hídrica y ambiental va más allá de soluciones orientadas a los problemas y poco sistemáticas; más bien, sugieren que necesitamos una comprensión nueva y radical del agua; que, de hecho, debemos alcanzar un nuevo nivel revolucionario de conciencia si queremos que la Tierra siga viva y disponible para la habitación humana.
Este clásico pionero sobre el agua es más relevante ahora que nunca.